viernes, 22 de abril de 2011

EL NIÑO HOSPITALIZADO






LA HOSPITALIZACIÓN INFANTIL:

EL NIÑO HOSPITALIZADO

Durante siglos se ha planteado la atención al niño enfermo desde dos perspectivas fundamentales: la de curar su enfermedad fisiológica con fármacos u operaciones quirúrgicas, sin preocuparse de los aspectos psicosomáticos; y la de organizar su internamiento hospitalario pensando casi únicamente en el orden y la tranquilidad, dentro de la institución. Por ejemplo, podía parecer normal que los padres no estuvieran presentes en las curas de los hijos («porque lloran más si ellos asisten a ellas» ), les fuera prohibido a las madres quedarse por la noche con sus hijos («porque se crea mucho desorden»), no se les explicara nada antes d e ser ingresados u operados,... Daban prioridad a que la cura fuera cómoda para los sanitarios, en la planta hubiera orden, los niños no conocieran lo que se iba a hacer con ellos,… , olvidando el sufrimiento añadido que estas prácticas pueden suponer para los niños.
Hay que conocer la importancia que la hospitalización, las enfermedades, las operaciones, las curas,…, tienen para los niños y cambiar numerosas prácticas de los padres, educadores y sanitarios anteriores a la hospitalización, antes de las operaciones y en todo el sistema de funcionamiento hospitalario.
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strong>1. Problemática de la hospitalización infantil
La enfermedad es un acontecimiento común en la vida del ser humano. Al menos las enfermedades comunes o trastornos generales del estado de salud, y diversos actos preventivos son, frecuentemente, experimentados por todos a lo largo de su desarrollo.
Desde la primera infancia e, incluso, indirectamente desde su concepción la persona está expuesta a estas experiencias. Para aprender y desarrollarse debe percibir, explorar e intentar comprender experimentos nuevos que provoquen incertidumbre y curiosidad. La enfermedad produce sensaciones internas inusuales, un repentino conocimiento de procesos corporales desconocidos, y una inexplicable pérdida de control de partes o funciones del cuerpo. De este modo, la experiencia de enfermedad y hospi talización crea en el niño la necesidad de su comprensión, para adaptarse a situaciones y sucesos que le proporciona el mundo que le rodea, trata de comprender, trata de comprender las situaciones relacionadas con la salud y enfermedad y reacciona ante ellas. Los primeros estudios psicológicos sobre la experiencia infantil de la enfermedad se hacen desde la perspectiva psicoanalítica, centrándose en las reacciones afectivas del niño, y en la percepción de la enfermedad y su tratamiento como un castigo. Un acontecimiento amenazante para el ser humano y especialmente durante la infancia, asociado con el estado de salud, es la hospitalización.
Diferentes autores estudian los efectos de la hospitalización en los niños. La separación de la familia, un entorno extraño y desconocido, dolor y malestar, intimidación de muerte, cambio en las relaciones de los padres y las concepciones de los niños sobre lo que está ocurriendo, se consideran entre los factores que producen estrés en el niño enfermo. En relación con la experiencia de enfermedad y hospitalización, las comprensiones equivocadas o ideas erróneas del niño sobre la experiencia se convierten en un factor añadido.
• Por el importante papel que juega el «factor cognitivo» en la experiencia de enfermedad y hospitalización, es necesario conocer la evolución de la comprensión infantil sobre el fenómeno de la enfermedad y los aspectos (conductas del personal sanitario, instrumentos y procedimientos médicos, normas,...), relacionadas con ella, sin olvidar factores de carácter socioafectivo que también influyen en su adaptación a las experiencias. Estos componentes -cognitivo y socioafectivo- son elementos imprescindibles a tener en cuenta en toda situación de enfermedad y hospitalización.
El conocimiento sobre el modo de representar el niño la enfermedad y otros conceptos médicos tiene un doble interés: • Interés teórico relacionado con la cognición general y con la cognición social, que los profesionales, padres y otros familiares conozcan cómo comprende el niño el mundo de la enfermedad. Puede ayudar a explicar diferentes reacciones y conductas del niño que se encuentra incluido en una experiencia de enfermedad y hospitalización. Interés práctico relacionado con implicaciones educativas en escenarios escolares, médicos y clínicas, favorece la comunicación e interacción entre los profesionales y adultos que rodean al niño enfermo o con posibilidad de enfermar. En diferentes situaciones se manifiesta la importancia de este conocimiento: la comunicación de información y respuesta a preguntas a nivel general o producto de una preparación sistemática.
¿La experiencia de enfermedad y hospitalización implica, inevitablemente, problemas emocionales importantes? ¿Qué factores variables determinan las reacciones del niño hospitalizado y sus familiares a la experiencia? ¿Los conceptos del niño sobre la enfermedad y otros aspectos relacionados manifiestan una secuencia predecible? ¿Hay razones que justifiquen la necesidad de preparación psicológica para la hospitalización infantil? ¿Cómo podemos evaluar el impacto de la enfermedad y la hospitalización en el paciente niño hospitalizado? ¿Se pueden prevenir o tratar los efectos de la hospitalización infantil? ¿Qué medios y técnicas permiten favorecer la adaptación del niño y sus familiares a esta amenazante experiencia?
Hoy hay unanimidad al considerar la salud como algo que engloba a la persona en un todo
bio-psico-social, debemos tener en cuenta aspectos biológicos, psicológicos y sociales al estimar en su totalidad la salud del niño hospitalizado.
Aquí nos interesan los aspectos sociales y psicológicos de la enfermedad y hospitalización infantil: qué cambios sociales se han ido produciendo sobre la hospitalización infantil que favorezcan el bienestar y adaptación de los niños y sus padres a la experiencia de enfermedad y hospitalización, y el impacto psicológico de la experiencia (efectos y variables intervinientes).

1.1. Antecedentes socioculturales >La preocupación sistemática sobre las necesidades psicosociales del niño hospitalizado es reciente.
Cuando se abrieron las primeras salas infantiles en los hospitales, se permitía e incluso se animaba a los padres para que permanecieran con sus hijos el mayor tiempo posible (Zetterstróm, 1984). De este modo se mantenía un clima familiar que favorecía la adaptación de los niños a esta amenazante situación.
• A finales del siglo XIX se produjo un cambio en el sistema de visita de los padres. Salvo algunas
excepciones, como la necesidad de amamantamiento del niño por parte de la madre o el estado
crítico o moribundo de los enfermos donde los familiares tenían el «privilegio» de permanecer con
ellos, se les desanimaba de visitarles a la sala. La razón de este cambio fue debida a la posibilidad
de que los padres llevaran infecciones a la sala constituyendo un peligro para los niños, añadiendo
el efecto perturbador en los niños (sobre todo pequeños) de las visitas, que facilitaban el recuerdo
de su casa y dificultaban su adaptación al hospital (Zetterström, 1984). La principal preocupación
sobre los niños internados en el hospital se relacionaba con la enfermedad o la custodia. Las reglas
eran muy estrictas respecto a los juguetes (las posibilidades de juego de los niños), el confinamiento
en la cama y la alimentación.
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strong>Atención del niño hospitalizado


Información básica en el ingreso de niños en el hospital.
El paciente pediátrico en el hospital requiere una atención y cuidados especiales dado que los niños poseen caracteristicas diferentes a un adulto en cuanto a su anatomia, fisiologia y su interaccion psicosocial con el medio ambiente.
La unidad pediátrica debe cumplir con recursos materiales adaptados a las caracteristicas de la edad de cada niño y con un equipo pediátrico de profesionales sanitarios cualificado para este tipo de trabajo en particular.
Es fundamental establecer una relacion con el niño y su familia por parte del personal sanitario para ofrecer y evaluar los cuidados, satisfacer las necesidades del niño ingresado para que se pueda obtener un correcto cuidado terapeutico. Para esto es necesario que el personal sanitario brinde calidez, empatìa y sea autentico.
Inicialmente esta relacion terapeutica comienza en el momento del ingreso del niño con el primer contacto con el y sus padres. Luego se establece una relacion de conocimiento entre todos lo que va aumentando la confianza y la relacion con el paciente. Y finalmente la relacion concluye en el momento del alta hospitalaria con las indicaciones medicas correspondientes.
Para facilitar la relacion es importante saber escuchar, el silencio en los momentos necesarios, orientar las conversaciones y manifestar lo que se observa con respeto.
La hospitalizacion del paciente pediátrico genera situaciones de miedo y ansiedad que se deben aliviar a traves de la informacion al niño y a sus padres. Es importante no mentirle al ñino y hablarle prudentemente de que su estancia en el hospital es necesaria pero no darle mas informacion de la que pueda asimilar para tranquilizarlo y sentirse acompañado para que esta experiencia de separación no sea traumatica.
En el caso del paciente lactante es muy importante que siga el contacto con los padres, especialmente con la madre a traves de la lactancia, salvo indicacion medica y estimular la parte tactil y auditiva para que reconozca los sonidos y pueda sentir el calor humano.
En el paciente preescolar hay que generar confianza para que trate de vivenciar la separacion como una recuperacion y fomentar el papel de la familia para que no se sienta abandonado.
En el paciente escolar puede haber una regresion como un mecanismo de defensa ante la situación, su reversion depende primordialmente del apoyo familiar.
El paciente adolescente centra toda sus inquietudes en el caso de una hospitalizacion en sus vinculos de amistad mas que en la familia porque se identifica con sus pares.
Para evitar reacciones negativas ante una hospitalizacion en los niños se les pide a los padres que dentro de sus posibilidades permanezcan junto a sus hijos.
Soporte emocional del niño hospitalizado
junio 15, 2007
No obstante, los grandes avances tecnológicos modernos, la atención del niño hospitalizado se ha centrado fundamentalmente en curar su enfermedad física con fármacos u operaciones quirúrgicas, sin preocuparse de los aspectos psicosomáticos. La atención ha sido dirigida a los órganos afectados y al proceso patológico, llegando al punto de fragmentar al niño en un grupo de órganos y de sistemas, olvidando por completo de considerarlo como una integridad.
Por otro lado, se ha dado prioridad a que las instalaciones hospitalarias y los tratamientos fueran cómodos para el personal hospitalario, olvidando el sufrimiento y la angustia generada en los niños internados.
Todavía existe una fuerte tendencia a emplear los “métodos adultos” de la rutina hospitalaria. Los reglamentos hospitalarios estrictos y restrictivos obligan al personal sanitario a tratar al niño como si fuese un “adulto pequeño”, olvidando que el paciente pediátrico posee necesidades que son muy distintas a aquellas de los adultos.
El impacto psicológico de la enfermedad y la subsiguiente hospitalización tiene, primordial importancia, porque, podría tener una influencia significativa en el desarrollo emocional ulterior del niño y favorecer actitudes negativas hacia los servicios de salud.
Para el niño como protagonista, la experiencia hospitalaria es generadora de gran ansiedad, angustia, sufrimiento y posiblemente trauma psíquico. La inmadurez y la limitada capacidad de adaptación del niño a enorme número de factores exógenos y endógenos del ambiente hospitalario, lo pone en franca desventaja frente al paciente adulto.
A medida que se van conociendo mejor las necesidades del niño hospitalizado y se toma conciencia de la importancia de los padres en el cuidado infantil, se pueden desarrollar esfuerzos que tengan como objetivo principal el crear un ambiente pediátrico en el cual los pacientes se sientan libres para explorar, investigar, experimentar, elegir actividades y expresarse.
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strong>Efectos de la hospitalización
La enfermedad produce sensaciones internas inusuales, un repentino conocimiento de procesos corporales desconocidos, así como una inexplicable pérdida de control de partes o funciones del cuerpo. De este modo, la experiencia de enfermedad y hospitalización crea en el niño la necesidad de su comprensión y adaptación y, consecuentemente, reacciona ante ellas. La separación de la familia, del hogar, un entorno extraño y desconocido, soledad, dolor y malestar, intimidación de muerte y la fantasía de los niños sobre lo que está ocurriendo, se consideran entre los diferentes factores que producen estrés en un niño enfermo.
Las variables que influyen en el modo de percibir el niño los factores estresantes y que determinan su respuesta son los siguientes (Siegel,1983; Siegel y Hudson,1992):
Edad, sexo y desarrollo cognitivo
Diagnóstico médico
Duración de la hospitalización
Experiencias previas con procedimientos médicos y el hospital
Naturaleza y tiempo de la permanencia para la hospitalización
Ajuste psicológico prehospitalario
Habilidad de los padres a fin de ser apoyo adecuado para el niño
Se han identificado seis períodos especialmente críticos en la experiencia hospitalaria (Wolfer y Visintainer 1975):
Admisión
Período previo a una extracción de sangre
Al final de la tarde anterior al día de la operación
Ante la medicación preoperatoria
Ante el traslado a la sala de operaciones
Al regreso de la sala de recuperación
Existen muchas evidencias que documentan el serio impacto psicológico que la hospitalización puede producir en los niños. Se estima que pueden aparecer como consecuencia de experiencias traumáticas en el hospital, una gran variedad de síntomas y problemas de personalidad, por ejemplo: (Zettersröm, 1984)
Problemas de alimentación, como rechazo o hiperfagia
Alteraciones del sueño, como insomnio, pesadillas o fobias a la oscuridad
Enuresis o encopresis diurna o nocturna
Regresión a niveles de comportamiento más primitivo y etapas ya superadas del desarrollo y del aprendizaje
Depresión, inquietud y ansiedad
Terror a los hospitales, personal médico, agujas, procedimientos médicos, etc.
Miedo a la muerte, (o a la mutilación incluyendo la castración)
Obsesión hipocondríaca, alucinaciones, síntomas histéricos, etc.
La hospitalización del niño también repercute en los familiares, convirtiéndose
en una verdadera crisis de familia. Se reconoce que los padres (y otros familiares) pueden volverse hiperprotectores, demasiado indulgentes o, por el contrario, demasiado exigentes y restrictivos. Se producen alteraciones en las conductas de los padres y en sus expectativas sobre el niño, así como en la conducta de éste.
Los hermanos y hermanas responderían a los drásticos cambios mediante sus propias y originales necesidades y penas.
Desde el punto de vista de la edad, está documentado que los niños por debajo de los seis años tienen reacciones más graves a la hospitalización que lo niños en edad escolar. En general, la literatura indica claramente, que se trata de un problema importante, ya que entre el 20 y el 60 por ciento de los niños experimentan dificulta-des, las perturbaciones emocionales pueden ser leves a moderadas y pueden llegar a persistir durante algunos días, meses o incluso años.
Intervención psicosocial: ¿Qué haremos con los niños?
La necesidad de preparación psicológica de los niños hospitalizados y, más aún, de los que tienen que ser sometidos a cirugía, ha sido asumida en la práctica clínica desde hace varias décadas. Las actividades pretenden lograr diversos objetivos como disminuir el grado o duración de exposición al estrés, aumentar las habilidades de los pacientes y sus padres para afrontar dicha experiencia y/o proporcionar recursos externos.
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strong>ACTIVIDADES QUE DISMINUYEN EL GRADO DE EXPOSICION AL
ESTRÉS DE UNA HOSPITALIZACION (Poster,1983):
Admisiones 6 horas antes de una cirugía
Separación reducida para la visita de los hermanos, permanecer en la habitación con el paciente y disponer de las veinticuatro horas para visitarlo.
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strong>ACTIVIDADES QUE AUMENTAN LAS HABILIDADES PARA AFRONTAR
LA HOSPITALIZACION:
Preparación emocional en el hospital para la cirugía, test y procedimientos médicos
Programas de Vida Infantil, los cuales fomentan la adaptación a través del juego y la discusión
Educación de los padres y compromiso en el cuidado del niño
Estimulación del uso de objetos de transición (juguetes, libros, rompecabezas, etc.)
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strong>ACTIVIDADES QUE PROPORCIONAN RECURSOS EXTERNOS:
Aumento de la disponibilidad de literatura y películas sobre hospitalización y cuidados de la salud para padres y niños
Asesoramiento y psicoterapia durante y después de la hospitalización
Apoyo emocional del personal de enfermería
Aumento de la disponibilidad de grupos de apoyo para los padres
Además, no se debe olvidar que el contexto físico también influye en la adaptación satisfactoria del paciente y sus familiares. En el diseño de dichos espacios deben tomarse en cuenta diversas características. Deben ser ricos y variados a nivel sensorial, con elementos que estimulen el interés visual (posters, dibujos de niños, figuras infantiles, etc.), el interés auditivo (música, risas y voces de niños, etc.), el interés olfativo (flores, plantas) y el interés táctil (diferentes materiales como madera, plastilina, superficies alfombradas o de esponja para jugar, etc.)
Una parte fundamental del programa de vida infantil, lo constituye, el juego en sus diferentes formas. El juego es la forma de expresión global del niño. El juego no es, esencialmente, una actividad planificada. Cuando un niño se encuentra en su hábitat natural, dispone de una enorme fuerza interna que lo impulsa a ejercitar sus funciones corporales. Todo aquello que impida ejercitar las funciones puede interferir con el desarrollo. Aunque parezca una expresión un tanto vulgar, podríamos decir, no obstante, que el trabajo de un niño en el mundo consiste en jugar. Por tanto, todos los niños deben tener la oportunidad de realizar actividades lúdicas y físicas, incluso dentro del hospital. El cuarto de juegos permite realizar actividades lúdicas y escolares, además de permitir el contacto verbal e intelectual con sus compañeros.
Es imperativo que el área destinada al juego, sea una zona neutral, libre, segura y carente de situaciones estresantes para que el niño sienta la posibilidad de eludir momentos angustiantes durante su estancia en el hospital.
En definitiva, hay que tratar en lo posible, de que el ambiente del hospital pueda hacerse “agradable” para el niño y lo más semejante al hogar. El niño pequeño está acostumbrado a un ambiente cálido, iluminado y seguro, por lo que el hospital podría parecerle frío y extraño. Su cuatro en casa está probablemente lleno de objetos agradables y amigables. Parte de esto puede ser reproducido en el hospital.
En general, los programas de preparación infantil incluyen los siguientes componentes:
Proporcionar información (veraz y completa)
Estimular la expresión emocional (juego y objetos de transición)
Establecer relaciones de confianza entre el niño y el personal del hospital ( de vital importancia es la honestidad, nunca mentir ni lesionar la autoestima del paciente)
Suministrar información a los padres (mantener abiertas las vías de comunicación)
Proporcionar estrategias de afrontamiento al niño y a los padres. (“Tours” hospitalarios previos al ingreso, juego médico, juego terapéutico, películas o videos, folletos informativos, etc.)
El período de internación debería ser una experiencia emocional fortificante y valiosa. De este modo, y a pesar de todo, la hospitalización, probablemente sería una experiencia positiva, así como su recuerdo a corto y largo plazo.
Conclusión
El reconocimiento de las causas de estrés psicológico, es extremadamente importante en el manejo general y el cuidado del niño. No obstante, la enfermedad puede ser de índole temporal, una reacción emocional adversa puede ser sumamente prolongada. Es la responsabilidad de los médicos y personal de enfermería, hacer el mayor esfuerzo para brindar una atención pediátrica más humanizada y compasiva . Los hospitales que estén provistos de un departamento de pediatría, deben establecer un ambiente físico seguro y apropiado para favorecer el bienestar anímico de los pacientes, ofrecer comodidades a las familias y proveer áreas destinadas para el crecimiento y desarrollo físico y emocional, así como brindar oportunidades de juego para los niños internados.
Hoy en día, se acepta unánimemente la importancia de la prevención de los graves efectos de la hospitalización. María Palomo de Blanco

Bibliografía
American Academy of Pediatrics. “Child Life Programs in Hospitals”
Pediatrics, 1985;76:467-70
American Academy of Pediatrics.“Child Life Programs”Pediatrics 1993;91:671-73
Association For

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